El regreso a clases trae mochilas nuevas, horarios, encuentros con amigos, actividades y muchísimas experiencias. También trae algo que las familias conocemos muy bien: una mayor exposición a virus respiratorios.
Y este año el tema cobra especial importancia en Puerto Rico. La nueva Guía para la Salud Escolar 2026-2027 del Departamento de Salud de Puerto Rico pone entre sus prioridades reducir la transmisión de enfermedades infecciosas dentro de los planteles, incluyendo COVID-19, influenza y virus respiratorio sincitial (VRS).
Así que me parece un buen momento para hablar de una pregunta que escucho muchísimo en consulta: “mi hijo no ha salido de un virus, cuando le llega otro ¿es normal? ¿qué puedo hacer?”
La respuesta muchas veces es sí, es relativamente “normal”; aunque también hay momentos en los que conviene mirar un poco más allá.
¿Cuántas infecciones respiratorias puede tener un niño al año?
En mi experiencia los niños pequeños, especialmente quienes asisten a preescolar, cuido o escuela, pueden presentar entre 8 y 10 resfriados al año aquí en PR. Durante el primer año de exposición a un ambiente colectivo, incluso pueden enfermarse con mayor frecuencia.
Esto ocurre porque entran en contacto con muchos virus que su sistema inmunológico todavía está aprendiendo a reconocer.
Podemos imaginar al sistema inmunológico infantil construyendo poco a poco su propia biblioteca de memoria 📚 .Cada nuevo virus obliga al organismo a identificarlo, responder y generar defensas específicas frente a él.
Eso significa que enfermarse varias veces durante los primeros años de escolarización no necesariamente indica que el niño tenga “las defensas bajas”.
Además, existe otro fenómeno que desconcierta mucho a las familias: los virus parecen venir uno detrás de otro.
Un resfriado puede durar alrededor de 7 a 10 días y algunos síntomas, especialmente la tos y la congestión, pueden tardar más tiempo en desaparecer. Si durante ese período el niño se expone a un virus diferente, comienza un nuevo episodio antes de haberse recuperado completamente del anterior. La sensación es que lleva un mes enfermo, cuando en realidad pueden haber sido dos o tres infecciones consecutivas. Ahora bien, si el catarro se extiende más de ese tiempo, como unos 14 días seguidos con tos, ya podemos pensar que se trata de asma.
Entonces, ¿cuándo deja de parecer un simple virus?
Aquí es donde quiero que observemos el patrón y no solamente el número de resfriados.
Si cada vez que tu hijo se enferma aparece tos que dura semanas, silbidos al respirar, falta de aire, tos durante la noche o síntomas al correr y jugar, vale la pena evaluar la posibilidad de asma o hiperreactividad de las vías respiratorias. De hecho, la tos nocturna, las sibilancias y las molestias respiratorias asociadas al ejercicio son algunas de las señales que se investigan cuando sospechamos asma infantil.
También debemos pensar en alergias cuando predominan la congestión, los estornudos frecuentes, la picazón nasal u ocular y los síntomas aparecen repetidamente sin fiebre o relacionados con determinados ambientes o temporadas.
Otro escenario diferente es un niño que lleva más de 10 días con secreción nasal o tos sin ninguna mejoría, especialmente si empeora después de haber comenzado a sentirse mejor. En esos casos debemos valorar, entre otras posibilidades, una sinusitis bacteriana.
Y aunque las inmunodeficiencias son mucho menos frecuentes que los simples virus escolares, debemos investigarlas cuando encontramos infecciones inusualmente severas o difíciles de tratar, neumonías recurrentes, pobre crecimiento, necesidad repetida de antibióticos o infecciones poco habituales.
En otras palabras: la frecuencia importa, pero la intensidad, duración y forma de recuperación nos cuentan mucho más.
Padres y maestros: la prevención también se aprende 🫧
Evitar absolutamente todos los virus dentro de una escuela sería prácticamente imposible. Ni siquiera ese es el objetivo. Lo que sí podemos hacer es reducir las oportunidades de transmisión.
Algo tan sencillo como convertir el lavado de manos en parte de la rutina escolar tiene impacto. Los CDC recomiendan enseñar y reforzar el lavado con agua y jabón durante al menos 20 segundos, especialmente antes de comer, después de ir al baño y después de jugar. También es importante enseñar desde pequeños a cubrirse al toser o estornudar con un pañuelo o con el pliegue del codo.
Hay otro elemento del que hablamos menos y que considero fundamental: el aire que respiramos dentro del salón. Los virus respiratorios se transmiten con mayor facilidad en espacios interiores concurridos y con poca circulación de aire. Siempre que sea posible, mejorar la ventilación, permitir la entrada de aire exterior y realizar algunas actividades al aire libre puede disminuir la concentración de partículas respiratorias en el ambiente.
También debemos normalizar algo que a veces cuesta mucho a las familias por las responsabilidades laborales: un niño enfermo necesita tiempo para recuperarse.
Las recomendaciones actuales de los CDC indican permanecer en casa cuando existen síntomas de una infección respiratoria y regresar a las actividades cuando, durante al menos 24 horas, el niño esté mejorando en general y ya no tenga fiebre sin utilizar medicamentos para bajarla. Durante los días siguientes conviene reforzar medidas como higiene, ventilación y otras precauciones apropiadas según el caso.
Un gran aliado para la prevención son los Mix de salinas que ayudan a mantener la mucosa nasal limpia. Me han ayudado bastante con el polvo del Sahara y los catarros en niños como expliqué en un artículo anterior.
Y por supuesto, mantener al día las vacunas recomendadas para la edad y condición de salud de cada niño continúa siendo una parte importante de la prevención de enfermedades respiratorias y sus complicaciones.
Más que contar virus, observemos al niño
Como neumóloga pediátrica, mi invitación en este regreso a clases es a encontrar un punto medio entre preocuparnos por cada catarro y normalizar síntomas que se repiten demasiado.
Un niño puede tener varios virus al año y estar perfectamente sano.
Lo importante es observar cómo respira, cuánto tarda en recuperarse, cómo duerme, si puede correr y jugar sin dificultad, si está creciendo adecuadamente y qué sucede entre una infección y la siguiente.
Porque a veces hay simplemente un sistema inmunológico conociendo el mundo. 🌱
Y otras veces, detrás de ese “siempre está enfermo” existe una vía respiratoria inflamada, una alergia, asma u otra condición que merece ser identificada.
Este regreso a clases, enviemos en la mochila lápices, meriendas, sueños y ganas de aprender. Y agreguemos también algo que ocupa muy poco espacio: hábitos que enseñen a nuestros niños a cuidar su salud y la de quienes los rodean. 💛

























































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