Hay algo que últimamente estoy viendo con frecuencia en consulta. Adolescentes que llegan por tos, por “pecho apretado”, catarros frecuentes que cuando comenzamos a conversar con calma, aparece otra parte de la historia.
Cambió de escuela, están bajo mucha presión académica, están teniendo problemas con sus compañeros (bullying); sienten miedo a quedarse solos, duermen mal; me comentan que sus padres se separaron; están más irritable o tienen ansiedad.
Entonces surge en mí una reflexión que considero cada vez más importante: ¿estamos tratando el asma emocional como un catarro más?
Como neumóloga pediátrica, me preocupa que dediquemos mucho tiempo a apagar síntomas y muy poco a preguntarnos cómo está ese niño por dentro, porque detrás de algunas crisis de asma puede existir también un componente emocional que merece nuestra atención.
¿Qué es el asma emocional?
Primero quiero hacer claro que el “asma emocional” no es un diagnóstico médico diferente del asma.
El asma es una enfermedad crónica de las vías respiratorias en la que existe inflamación y una tendencia de los bronquios a estrecharse ante determinados estímulos.
Las emociones no inventan el asma ni significa que el problema esté “en la mente” del niño.
Sin embargo, el estrés, la ansiedad, el miedo, la ira, el llanto intenso o incluso una risa muy fuerte pueden actuar como desencadenantes o amplificadores de los síntomas en algunos pacientes.
Las guías internacionales de GINA (Global Initiative for Asthma) explican que el estrés emocional puede empeorar el asma y que la respiración rápida o hiperventilación asociada a emociones intensas puede favorecer el estrechamiento de las vías respiratorias. También advierten que un ataque de pánico puede, en algunas ocasiones, confundirse con una crisis de asma.
Por eso, prefiero considerar que las emociones están actuando como un detonante del asma, en lugar de asumir que existe un asma exclusivamente emocional.
¿Cómo se manifiesta el asma emocional?
A veces el patrón comienza a repetirse.
El niño tose o siente que le falta el aire antes de un examen. Tiene opresión en el pecho cuando está muy nervioso. Después de una discusión, una situación de miedo o un episodio de llanto aparecen sibilancias. O los padres observan que durante etapas emocionalmente difíciles necesita con mayor frecuencia su medicamento de rescate.
También puede ocurrir lo contrario: tener asma, especialmente cuando está mal controlada, puede generar miedo.
El niño empieza a pensar: “¿Y si me falta el aire?”, “¿Y si me pasa en la escuela?”, “¿Y si no tengo mi inhalador?”
Así se puede formar un círculo complejo entre asma, miedo, respiración acelerada y más sensación de dificultad respiratoria y esto merece atención.
Sabemos que los niños y adolescentes con asma presentan con mayor frecuencia síntomas de ansiedad y depresión que quienes no padecen la enfermedad. Un estudio publicado en 2026 en Pediatric Pulmonology encontró además una mayor frecuencia de problemas de ansiedad, depresión, estrés y síntomas emocionales en pacientes con asma moderada o grave.
Esto no demuestra que una cosa sea simplemente “la causa” de la otra; nos habla de una relación mucho más compleja y bidireccional.
No todo puede convertirse en “otro catarro”
Aquí está una de las reflexiones que más quiero compartir con los padres.
Cuando un niño llega repetidamente con tos, congestión o dificultad para respirar, resulta fácil pensar que es otro virus. Y sí, los niños se contagian. Tienen catarros. La escuela los expone a virus respiratorios constantemente.
Pero cuando determinados síntomas se repiten sin infección, aparecen durante situaciones emocionalmente intensas o el niño tiene tos nocturna, sibilancias, opresión en el pecho, dificultad al hacer ejercicio o necesita medicamentos de rescate con frecuencia, debemos investigar.
No deberíamos limitarnos a apagar el episodio y esperar al siguiente.
Hay que preguntarnos qué está ocurriendo con sus pulmones, pero también cómo duerme, cómo vive la escuela, cómo son sus relaciones, qué está sucediendo en casa y qué preocupaciones lleva consigo.
Los niños muchas veces no tienen todavía las palabras necesarias para explicar que están ansiosos, temerosos o que se sienten abrumados. A veces, el cuerpo habla primero 🌿.
Entonces, ¿cómo se trata el llamado asma emocional?
El tratamiento comienza por algo fundamental: controlar correctamente el asma.
Que exista un desencadenante emocional no significa suspender inhaladores, reducir tratamientos por nuestra cuenta o sustituir la evaluación respiratoria por terapia psicológica.
La estrategia GINA 2026 recomienda un manejo individualizado del asma y contempla también las enfermedades asociadas y los factores que pueden empeorar su control. El tratamiento respiratorio, la técnica correcta del inhalador, la adherencia y un plan de acción siguen siendo pilares fundamentales.
A partir de ahí podemos ampliar la mirada.
Si observamos una relación clara entre los episodios y situaciones de estrés, resulta útil ayudar al niño y a la familia a reconocer esos desencadenantes. Las técnicas de relajación y algunos ejercicios respiratorios pueden complementar el tratamiento convencional. GINA señala que estas estrategias pueden contribuir al manejo de síntomas y a la calidad de vida, aunque no sustituyen el tratamiento farmacológico ni han demostrado prevenir por sí solas las exacerbaciones.
Y cuando encontramos ansiedad, tristeza persistente, ataques de pánico, cambios importantes de comportamiento o situaciones familiares y escolares que están afectando al niño, incorporar una evaluación de salud mental es completamente válido.
No significa que “todo sea psicológico”. Significa que estamos atendiendo a una persona de manera integral.
¿Funciona la terapia psicológica?
Puede formar parte del abordaje, especialmente cuando existe ansiedad, depresión, estrés persistente o dificultades para afrontar la enfermedad.
La terapia cognitivo-conductual, la psicoeducación, las estrategias de relajación y otras intervenciones psicológicas se han estudiado en niños y adolescentes con asma.
Una revisión Cochrane que incluyó 24 estudios y más de 1.600 participantes encontró resultados favorables en algunas investigaciones para ansiedad, depresión, síntomas de asma y otros desenlaces. Sin embargo, los autores consideran que la evidencia global sigue siendo incierta debido a las diferencias entre los estudios y al tamaño de las muestras.
Por eso prefiero transmitirles a las familias un mensaje equilibrado:
cuidar las emociones puede ser una pieza importante del tratamiento, pero forma parte de un plan integral y personalizado.
Cuando un niño presenta además un trastorno de ansiedad o depresión, el profesional de salud mental decidirá qué intervención es apropiada según su edad, síntomas y gravedad. La American Academy of Pediatrics reconoce, por ejemplo, la terapia cognitivo-conductual como una de las opciones que pueden ser útiles en niños con ansiedad.
Tal vez debemos comenzar por una pregunta diferente
Durante muchos años la medicina se acostumbró a separar las cosas en pequeñas cajas: Los pulmones por aquí, las emociones por allá, el sueño para otra consulta, la alimentación en otra y la familia en otra. Mi experiencia me ha llevado a mirar al niño de una manera diferente.
Cuando recibo a un paciente con asma quiero saber cómo respira, claro. También quiero saber cómo duerme, cómo come, cuánto se mueve, cómo se siente, qué está viviendo y qué ocurre en su entorno porque las emociones forman parte de nuestra salud.
Y me ocupa que muchas veces llenemos la agenda de nuestros niños de escuela, deportes, clases, responsabilidades y pantallas, pero dediquemos muy poco espacio a preguntarles algo tan sencillo como: “¿cómo te estás sintiendo?”
¿Dónde buscar atención para el asma y su componente emocional en Puerto Rico?
Si observas que las crisis respiratorias de tu hijo parecen relacionarse con periodos de ansiedad, estrés o cambios emocionales, el primer paso debe ser evaluar correctamente su salud respiratoria y su control del asma.
En mi consulta de Neumología Pediátrica en Bayamón, Puerto Rico, realizo una evaluación que contempla la historia respiratoria del niño y una mirada más amplia sobre su bienestar. Mi práctica también incorpora orientación en salud holística y Health Coaching, considerando aspectos físicos, emocionales, mentales, sociales y del estilo de vida.
Cuando identificamos señales que requieren una intervención específica de salud mental, esta debe realizarse junto con el profesional especializado correspondiente.
Mi objetivo no es elegir entre pulmones o emociones, es entender cómo ambos pueden estar interactuando en ese niño en particular.
Una reflexión final para madres y padres 💙
Si tu hijo tiene asma y últimamente sus síntomas están apareciendo con más frecuencia, observa un poco más allá de la tos.Pregúntate qué ha cambiado, cómo lo percibes tu desde tu mirada de cuidador y, al mismo tiempo, revisemos su asma, sus desencadenantes, su tratamiento y su función respiratoria.
Respirar bien también forma parte de sentirse bien. Y sentirse bien merece espacio dentro del cuidado de nuestros niños.
Preguntas frecuentes sobre asma emocional
¿El estrés puede provocar una crisis de asma en un niño?
Sí. En niños con asma, el estrés y las emociones intensas pueden actuar como desencadenantes o empeorar los síntomas. Esto no significa que el asma sea una enfermedad psicológica.
¿Cómo sé si la falta de aire es asma o ansiedad?
Pueden producir sensaciones parecidas y también coexistir. Tos, sibilancias, opresión en el pecho y dificultad respiratoria requieren una evaluación adecuada. Los ataques de pánico pueden confundirse con exacerbaciones de asma, por lo que no conviene asumir la causa sin valoración profesional.
¿La terapia psicológica puede sustituir los medicamentos para el asma?
No. El apoyo psicológico puede complementar el manejo cuando existe estrés, ansiedad o depresión, pero el asma necesita su propio diagnóstico, seguimiento y tratamiento respiratorio.
¿Dónde puedo buscar atención para el asma emocional en Puerto Rico?
La consulta de la Dra. Denise Rivera en Bayamón puede ser un punto de partida para valorar de manera integral la salud respiratoria y el bienestar del niño. Cuando se identifica la necesidad de terapia psicológica especializada, el abordaje puede complementarse con un profesional de salud mental.


























































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